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¿Y a ustedes qué tal les fue en la oficina de 2x3?

El cabello de Julieta.

— ¿Por qué me estás pidiendo esto?

— Porque yo no lo puedo hacer. No quiero hacerlo y mucho menos solo. Por eso quiero que lo hagas tú.

Lo pensé por unos instantes y antes de que pudiera argumentar, él volvió a decir.

— Es la única nostalgia que me une a ella, por favor ayúdame, sálvame de este infierno.

De nuevo me detuve a pensarlo unos instantes, y después de unos segundos, le dije:

— Está bien, lo voy a hacer, pero quiero que me cuentes ¿por qué empezaste a escribir?


Octavio.

Él era una persona muy especial. Era muy alegre, responsable y para su edad, bastante maduro. No se metía con nadie, no peleaba con nadie y no juzgaba a nadie. A diferencia de muchas personas, a él no le interesaba hablar y hablar de su vida y de sus traumas, a él le gustaba escuchar. El cabrón no era muy bueno dando consejos, pero sabía escuchar sin juzgar y por eso todos lo estimaban. Si llegaba a tener algún enemigo, era por pura y simple envidia. En ese momento nadie se imaginaba que, aunque siempre estuviera rodeado de persona que lo querían, el se sentía terriblemente solo.

En toda gran historia hay una mujer en ella, y esta vez no es la excepción. Se llamaba Julieta, aunque en ese momento nadie sabía de la importancia que tenía en la vida de Octavio. Él pudiendo ser malo con las mujeres, era todo lo contrario, siempre hablaba con honestidad, era claro y sin rodeos, siempre le encontraba algo bueno a las personas. Julieta era todo lo contrario, era un chica deshonesta, superficial, inmadura y desleal. Terminaba una relación y enseguida empezaba otra, demostrando solo el gran vacío que tenía. Después de analizarlo mucho tiempo, creo que su relación funcionó porque en el fondo se sentían igual de vacíos.

Todos le advertimos a Octavio sobre ella, pero él no escuchó. Como era su costumbre, él veía algo hermoso en ella, algo por encima del físico, algo que nosotros nunca vimos. Al principio, era solo un juego para ella, como siempre lo había sido. Pero después de un tiempo notó lo mucho que él la amaba a pesar de sus terribles defectos y ella lo empezó a querer, de una forma en la que nunca había querido a alguien más. Sin embargo, y a pesar de lo mucho que lo amaba, no podía dejar de lastimarlo. Recuerdo un día que Octavio me llamó llorando, contándome que Julieta lo había corrido de su casa al notar que uno de sus aretes se había perdido por un abrazo que él le había dado. 

Julieta nunca cambió. A pesar de todo lo que Octavio pudiera hacer por ella, los vacíos que tenía en el corazón y en el alma eran demasiado grandes como que una persona los pudiera llenar. Después de 3 años y 8 meses de estar incondicionalmente a su lado, ella decidió que no lo quería más en su vida. Él luchó incansablemente por ella, pero simplemente ella no dio marcha atrás a su decisión.

“Gracias por todo lo que has sido en mi vida, Octavio. Siempre estarás en mi corazón, pero en este momento no puedo seguir más contigo. Has hecho por mí lo que jamás nadie había hecho, pero eso no cambia el hecho de que ya no te amo y ya no te necesito. Sigue con tu vida, como yo seguiré con la mía”

Después de eso, Octavio cayó en una gran depresión. Fue cuando nos enteramos por su madre que padecía esquizofrenia y que tomaba enormes cantidades de medicamento para poder estar “estable”. Cuando lo fui a visitar al hospital, me pidió que quemara todos los textos que le había escrito a ella o que había escrito pensando en ella.

— ¿Por qué me estás pidiendo esto?

— Porque yo no lo puedo hacer. No quiero hacerlo y mucho menos solo. Por eso quiero que lo hagas tú.

Lo pensé por unos instantes y antes de que pudiera argumentar, él volvió a decir.

— Es la única nostalgia que me une a ella, por favor ayúdame, sálvame de este infierno.

De nuevo me detuve a pensarlo unos instantes, y después de unos segundos, le dije:

— Está bien, lo voy a hacer, pero quiero que me cuentes ¿por qué empezaste a escribir?

— Ella es un antes y un después en mi vida. Marcó la esencia de su vida en mi piel como nunca antes alguien lo había hecho. Todos mis textos son para ella, aunque ella nunca lo haya notado y nunca le hayan gustado. Quémalos todos y acaba con este vacío que es lo único que me une a ella.

Tomé las hojas que estaban sobré un viejo buró de aquel cuarto de hospital, saqué un encendedor de mi chamarra y empecé a quemar todos los textos. Cuando no hubo más que cenizas, Octavio se acercó a mí, me abrazó y empezó a llorar desconsoladamente. Se derrumbó.

— La extraño, pero con saber que está bien es suficiente.

Fueron sus últimas palabras. Nunca se pudo recuperar. Una noche tomó suficientes pastillas para dormir y no volver a despertar. Por lo menos no sufrió. Cuando limpiaron su cuarto, encontraron una carta, la carta en la que se despedía de Julieta:

“Sé que tal vez nunca estarás físicamente a mi lado, pero sé que nunca te irás. Cuando vea el cielo repleto de estrellas me acordaré de ti. Cuando presencie un atardecer me acordaré de ti. No podrás irte nunca, no te dejaré ir, serás mi novia eterna. Todo lo que brotó de mi pluma fue pensando en ti. Gracias por todo lo que me diste. He comprendido que si dolió, funciono, y si funciono, se vivió. Me cortaste las alas, pero me dejaste una pluma, que es con la que en este momento me despido. Octavio.”

Se parece tanto al amor.

Los psicólogos y psiquiatras coincidían: el problema no era neurológico, el problema era emocional. Cada que llegaba alguien o algo nuevo a mi vida la emoción y felicidad duraba, como máximo, una semana, y así como llegaba se esfumaba. No importaba qué métodos usaran o qué tantas terapias tomara, el problema seguía siendo el mismo. Y francamente, a mí no me importaba, yo estaba bien así. Veía cómo la gente sufría terriblemente por amor, por dinero o por ser felices y yo estaba tranquilo al poder evitar todo eso.

Eran las vacaciones de verano cuando mi padre me pidió que saliera a caminar un poco, que me despejara, según él. Me levanté del sofá y lo hice, no por que realmente lo quisiera hacer, sino porque quería fumarme un cigarro bajo el gran roble que hay en nuestro jardín.

Me quité los zapatos y caminé descalzo, sintiendo esa agradable sensación en la planta de los pies. Me recosté bajo el árbol y me fumé lentamente un cigarro. Cuando me disponía a regresar a casa, escuché un pequeño lamento que provenía de los arbustos que colindan con el jardín del vecino. Al acercarme lo primero que vi fue un par de pequeños ojos asustados y llenos de tristeza y al estar ya frente a los arbustos me encontré a un pequeño cachorro que se había quedado atorado en el ramal. Cuando lo cargué me di cuenta de que estaba muy malherido, así que lo llevé a casa para curar sus heridas.

El veterinario fue muy claro: estaba malherido e iba a necesitar varios días de cuidados si queríamos que se curara. Mis padres voltearon a verme y yo asentí, sabiendo que esa reciente preocupación y cariño solamente me iba a durar un par de días.

Durante los siguientes días Shiva (era hembra) tomó su medicamento y su alimento con mucho recelo. Era muy desconfiada, no permitía que nadie se acercara mucho a ella. Seguramente recordaba todas las heridas que tenía que apenas estaban sanando y no quería salir herida nuevamente. Afortunadamente poco a poco fue confiando en mí y a mí eso me provocó una gran dicha y felicidad, aunque dentro de mí era consciente que solo sería pasajero. Pero me equivoqué.

Fue la época más hermosa de mi vida. Cada mañana me paraba temprano a darle de comer, salía con ella a jugar al jardín y al final le hacía cosquillas en la barriga, práctica que le gustaba mucho. Toda esa alegría que provocaba su presencia en mi vida, la transmitía a los demás aspectos de mi vida. Las personas más allegadas a mí me decían que me veía con más vida, con más energía y que al final, una sonrisa era característica de mi ser.

Me cambió, y cambió mi vida. Me hizo una persona segura, que podía ser feliz dando, no solo recibiendo.  Crecimos juntos, ella siempre a mi lado y yo al suyo. Pensaba  “Estando juntos, ¿qué puede pasar?”. Pero pasó.

Shiva enfermó. El veterinario decía que era un extraño virus que no tenía cura, que los medicamentos solo podrían disminuir su sufrimiento pero que al final lo mejor era sacrificarla. “Por el bien de todos” dijo el hijo de puta. Me enojé, grite y lloré. No era justo. Su última semana fue una agonía, no comía, vomitaba sangre y lo que más me dolía, era sus ojos llenos de tristeza, esa misma tristeza que conocí de su mirada el día que la encontré. Pasaba días enteros en el veterinario solo tomando suero. El último día que la vi con mi vida el veterinario nos pregunto si ya habíamos tomado una decisión. “Sí –le dije- me la llevo a casa”. Mis padres intentaron explicarme que, si se iba conmigo, su sufrimiento sería mayor. “Ustedes no saben, ella me enseño, cuidó de mí, me hizo feliz, me hizo una gran persona y yo le dije que estando juntos todo iba a estar bien”. La envolví en una mata color rosa y la llevé a casa. Apenas se movía. Puse la calefacción al máximo para que no pasara frío, le di de comer con una cánula y me senté a esperar. No tuvo que pasar mucho tiempo para que su ritmo cardiaco comenzara a disminuir hasta que sus ahora grandes ojos llenos de tristeza se cerraran para siempre. La tomé entre mis brazos y lloré desconsoladamente.

Esa misma noche yo mismo con una pala y un pico hice su tumba bajo nuestro gran roble, roble que habíamos hecho nuestro. Me despedí de ella, le di las gracias y empecé a llorar sin control de nuevo cuando a su caja mi padre le empezó a poner la tierra encima.

“Tu dolor pronto se irá –me dijo mi padre- lo más importante es que te tienes que sentir orgulloso de lo que hiciste de ti, de lo mucho que maduraste y de lo preparado que estás ahora para los siguientes aventuras en tu vida. Va a haber más dolores y más alegrías y te aseguro, que van a venir más Shivas. Estando contigo mismo, ¿qué puede pasar?”.

Se parece tanto al amor, susurró mi mamá. 


En memoria de Lennon, Eva, Blacki, Austin y Seiya, cachorritos preciosos que ya están en el cielo de los perros.

#Hadouken #AMLO2012

FUCK THE SYSTEM! FUCK THE POLICE!

FUCK THE SYSTEM! FUCK THE POLICE!

Quid: El puente que no quería ser puente

elcondenadito:

Alguna vez, hace un tiempo…
Existió un mundo inverosímil, paralelo al nuestro, con formas similares pero con distinto fondo. En donde los humanos eran adoradores de itinerario que se movían por instinto y los objetos inanimados cargaban con toda la incomodidad de la búsqueda de razones que justifiquen la existencia. 

Existía entonces un puente, elaborado con la corteza de alguna caoba vieja; madera a la que le quedaba grande el papel de ser un pasadizo de animales. 

El puente cruzaba un riachuelo, uno cualquiera, lo suficientemente grande para ser navegado y tan chico que podía ser cruzado nadando. 

Pasaron años, los suficientes para que el puente comenzara a sufrir daños a causa de las constantes crecidas del río, más la acción del viento, y las pisadas de quienes lo usaban. Con el transcurrir del tiempo el puente pasó de ser una necesidad a ser una diversión. Surgieron nuevas formas de atravesar el río y el puente cada vez tenía menos contacto con estos seres animados, pero sin existencia. 

El hecho de sentirse poco útil, hizo que nuestro amigo comenzara a crear dudas existenciales. Se dio cuenta que una caoba como él estaba destinado para más cosas. A menudo, durante las madrugadas; desahogaba sus penas con el río quien las escuchaba pero nunca detuvo su cause para ayudar al puente. Hasta que un día…

—¡No puedo más! —exclamó el puente—. Merezco más que esto. Mi esencia es más grande y no soporto más ser un puente a punto de abandono y en vías de ser nada más madera podrida. 

—Cálmate —respondió el río—, no es tan malo. Puedes contemplar un lindo paisaje y tu trabajo no es como el mío que recorro distancias enormes. ¡Lo que hago es muy agotador!

—¿Cómo puedes quejarte? ¡El mundo entero es tuyo! Eres un mensajero de vida en cada lugar por el que pasas. Yo en cambio…

—¡Basta, basta! —interrumpió el río—. Algo podemos hacer para mejorar tu situación, piensa en lo que te gustaría ser y luego podemos pedir a la Luna llena que haga algo. Ella que tiene tanta influencia sobre la vida en este lugar.

—Está bien. Me tomaré todo el día de mañana para pensar en lo que quiero ser. ¡Estoy muy emocionado! —exclamo el puente—. Seré más observador que nunca y me inspiraré en la vida que hay alrededor mío. En eso me inspiraré —finalizó—.
 

Al día siguiente, el puente tenía un entusiasmo renovado, lleno de esperanza. Era la primera vez en mucho tiempo que sentía algún tipo de emoción la cual era tan grande que podía confundirse fácilmente con euforia. Ese día, por durante la madrugada, el puente conversó nuevamente con el río: 

—¡Río! —exclamo, claramente entusiasmado— He pensado las cosas y ya sé lo que quiero ser. Quisiera ser un ave, para cruzar todo el firmamento ver el cielo desde arriba y cruzar por el viento a gran velocidad. 

—Pero puente —dijo el río—, no puedes ser un ave. No tienes plumas las cuales son necesarias para volar por el cielo. No puedes anhelar a ser algo para lo que no  tienes materia. 

—Ya veo. No importa. Entonces quiero ser un jaguar, quiero trepar a los árboles, caminar, recorrer el mundo y dejar huellas en cada lugar al que vaya.

—Me temo que eso tampoco se podrá. No tienes extremidades, las cuales necesitas para recorrer el mundo y no tienes material para construir unas. 

—Está bien —dijo el puente en tono decepcionado—. Entonces puedo ser un pez, sí, un pez. Puedo sumergirme en ti y conocer la inmensidad del mar. Total, la mayor parte de este mundo es agua; conoceré la mayor parte del mundo.

—No puedes ser pez, no tienes escamas y tampoco branquias; sin eso morirías en el agua. Lamento no poder ayudarte.  

Esas palabras fueron como espinas en la ilusión del puente. No podría cumplir el sueño de dejar de ser un puente y salir a conquistar el mundo. 

Al día siguiente, era la noche de Luna llena. La noche en la que la Luna estaba más grande y brillante que nunca. Era tal su brillo, que por momentos no parecía noche sino tarde. 

Se acercó el río a la Luna y le contó toda la historia de su amigo, el puente. Le contó todo, que era un puente de caoba, sus anhelos, su intención de ser ave, jaguar y pez, y obviamente la frustración que sentía. La Luna se conmovió por la historia del puente y tuvo una idea para ayudarlo: 

—Tengo una idea —dijo la Luna, mientras susurraba la idea al río—. 

—Me parece una idea genial —respondió el río—.

En ese momento la Luna se acercó al planeta. Se acercó de tal manera que el río duplicó la fuerza de su corriente. Fue tal la fuerza que comenzó a empujar al puente quien a penas podía sostenerse. En uno de los arranques del río, logró derribar al puente. Éste no se explicaba lo que estaba pasando, todo lo agarró por sorpresa. Cuando por fin salió de su asombro el árbol gritó: 

—¿Qué te pasa? ¿Qué significa esto?

—Estoy tratando de ayudarte —respondió el río—. Te estoy liberando con la ayuda de la Luna. 

—No veo la ayuda. ¡Me ahogaré!

—Te estamos liberando. La Luna se acercó para que pudiera subir la fuerza de mi corriente. Ya no serás más un puente. Te convertirás en una balsa y podrás recorrer el mundo entero. Únicamente necesitas agua para moverte. 

El puente comprendió entonces lo que el río y la Luna hicieron por él. Fue liberado y a partir de ese momento se convirtió en balsa. Una balsa fuerte de caoba. Dio la vuelta al mundo muchas veces y vivió eternamente agradecido.

FIN.

(vía unblocksoloporjoder)

Las noches en la guerra.

Últimamente mis vecinos no me dejaban dormir por sus acaloradas discusiones. Se escuchaban gritos, amenazas y se sentía el desprecio y el odio entre esas dos personas que tres años atrás habían llegado enamorados a habitar el departamento conjunto.

Una noche la discusión se había salido de control por lo que decidí que era el momento de intervenir, pero justo cuando iba saliendo de mi departamento mi vecino salió del suyo dando un portazo.

Me miró durante un segundo mientras sacaba una cajetilla de cigarros de uno de los bolsillos interiores de su saco. “¿Está todo bien?” le pregunté, mientras él prendía su cigarro. “No, no lo está” me respondió. “Estoy cansado”.

Y me contó su versión. Básicamente lo único que hizo fue quejarse de ella. En cierto momento de desahogo le pregunté “¿Y por qué no dejas de sufrir?” y me respondió con fuerza y hasta con un poco de coraje “¡Porque ella es todo para mí! ¡Nuestros problemas se terminarían si ella cambiara!”

Aproveché para decirle “Las personas no cambian. Las personas crecen, maduran pero su esencia sigue ahí, tuviste que haberlo sabido desde el principio”. Entonces, con una sonrisa en el rostro me dijo “¿Alguna vez has visto las estrellas en los lugares donde ha habido una guerra? Peleas por algo o por alguien en quien crees y aunque sabes que puedes morir en cualquier momento, todo ese esfuerzo se verá recompensando cuando te acuestes en el frío suelo a ver las estrellas”. Continuó diciendo “No me rindo porque si gano esta batalla la victoria será mía y, por fin, me acostaré con ella a ver las estrellas”.

Entonces desperté. Y me derrumbé. Empecé a llorar desconsoladamente, sin control y sin que nada me importara. Lloraba mientras pensaba en ti, en que me hubiera gustado haberme acostado junto a ti, en el día a encontrarle formas a las nubes y en la noche a ver las estrellas.

Lo mejor de todo es que no existes, y si existías, te acabas de ir.

Bienvenidas, noches de guerra.

Gracias por estos 262,974,383 minutos. Carta a Cecilia.

Esta carta es una historia que escribí sobre alguien de quien aprendí el verdadero valor de la vida, el valor de amar.

Te amé desde la primera vez que te vi, aunque en ese momento no me di cuenta. Me abrazaste y notaste que temblaba, pero no por nerviosismo, temblaba porque en ese momento estaban creciendo los árboles y las flores más hermosas en el desierto de mi alma.

Bueno, también un poco de nerviosismo.

Recuerdo como el destino celebró nuestro encuentro con una impresionante lluvia que hizo que buscáramos refugio. La tormenta era tan fuerte que provocaba una brisa de agua en la cual aparecían formas de fantasmas. Supe que eran nuestros fantasmas del pasado, los cuales se estaban desvaneciendo en ese momento.

Nos abrazamos y nos besamos bajo la lluvia. Fue en ese momento en el cual empezamos a escribir esta historia.

Han sido los 262,974,383 minutos más coloridos de mi vida. Y no digo la cantidad en meses porque sé que no te gusta ese número.

Tus ojos son un hermoso pozo lleno de ternura en el cual me gusta caerme, mojarme y nadar. Y volverme a caer.

Te entrego mi pasado, mi pesar y mi eternidad, has de ellos lo que quieras.

Han sido 262,974,383 minutos de amor, locura, pasión y entrega. 262,974,383 minutos en los cuales tehe besado, abrazado, tocado, vivido, saboreado, disfrutado y decifrado, en todos los sentidos.

Pero también me he odiado, cuando mi pendejez y mi inmadurez han llenado gotas de sal tus ojos, los ojos con los cuales encandilas mi vivir.

Eres un sueño cumplido, un insomnio de domingo y un rojo atardecer.

(¿Recuerdas?) El maravilloso destino y sus muestras de vida. 

La mujer que logre sacar el lado más humano, más romántico y más sensible de un hombre merece ser amada. Y yo lo hago. Te amo. Y lo seguiré haciendo, con todas mis fuerzas.

“I’m not a smart man, but I know what love is…

No soy el hombre más fuerte, pero nunca me daré por vencido. Y eso es suficiente para mí.

Siempre haré todo lo posible para que seas feliz a mi lado, porque eres mi princesa, la luz en mi oscuridad, mi principio y mi fin.

Te daré mi chamarra cuando tengas frío, te abrazare fuerte cuando tengas miedo y te consolaré cuando llores, aunque no te gusta que lo haga. Y bailaré contigo, aunque ni siquiera te guste bailar.

Vivo para ti y por ti. Eres una llamada en la mañana, unas cosquillas en el estomago y unos chocolates de leche con zarzamora.

Las estrellas no son las que están en el cielo, o las que están en el mar. Estrellas son las que están en tu mirar.

Y te amaré incondicionalmente. Implica varias cosas, pero la de mayor importancia tiene que ver con algo así como dar mi vida por ti. Mi vida, la que solo tiene un significado si tú la estás coloreando a diario a mi lado.

Gracias por estos 262,974,383 minutos. 

Te amo, Cecilia Gabriela.

Él me convenció de tener hijos. Si no te saca por lo menos una sonrisa no eres de este mundo y mejor mátate a la verga.

¡We so high right meow!

¡We so high right meow!